viernes, 26 de septiembre de 2008

Angela

PRIMER CAPITULO
La busqué por todas partes. Rabioso por las calles sucias de esta ciudad. En los callejones, tránsito de borrachos, diletantes de alcohol puro, barato, en las esquinas donde se paran a fumar y a venderse las putitas mal vestidas de 200 pesos, en las cantinas y los bares, que son cientos, por no decir un chingo, los antros de variedad y los congales arreglados que trabajan las 24 horas del día, aún sabiendo que en ellos no la hallaría, pero quién quita y ella también me anduviese buscando; igual en las fonditas de mala muerte ( ¡ Y vaya que allí se encuentra alguno con la mala muerte! ), donde venden menudo sonorense a media noche, lo mismo que birria o burritos y tacos de carne asada o un gallo de mota o un perico de coca, total, la noche es madrota de todo los vicios y todos los pendejos; me metí por los cauces de los arroyos, abundantes en esta inhóspita topografía y me encontré con mujeres vestidas con cartón, con faldas y blusas de cartón, con miradas de cartón, con corazón de cartón desechado, cartón vagabundeado por los caminos de la miseria, pero, ninguna de estas pobres expulsadas era ella; habitan en los canales y los túneles, mujeres flacas y gordas, unas llenas de llagas purulentas y costras negras que se revuelcan en el lodo con el lúmpen del alcohol y la droga, escoria que ya no tiene credo ni esperanza; otras, de abdomen hinchado, todas de cabellos sucios, tiesos y enmarañados, llenos de piojos y liendres; hay niñas viejas y viejas viejas, unas desesperadas por conseguir una miseria de alcohol, una píldora, una pinta de chiva o de coca, mujeres niñas que te muestran su incipiente pelambre en el pubis y te ofrecen sexo sucio ( o nasty Sex, como dicen los gringos jaipos ), pero ella, no estaba allí; parecía que no estaba en ninguna parte; le pregunté a todo el que encontraba, hombre o mujer, joven o anciano; le pregunté hasta los perros y gatos callejeros, nadie me dijo nada, nadie supo nada.
En la cantina “ Los Dos Amigos ”, le pregunté al cantinero, al puto del “ Chino ”, que cuando me oyó soltó su pinchi y burda carcajada y entre su labia incomprensible por rápida y deshilvanada, me sugirió que mejor consultara a la Selena, la del misterio que te resuelve todo sin preguntarte nada, la vieja esa que corrieron no hace mucho del pueblo, la que tiene la solución de todo, para los malos y falsos amores y el mal agüero, la que construyó en “ su oficina ” un santuario de santos raros, como el Malverde que le hace milagros a los narcos y a la santa muerte que adoran muchos, una sarta de figuras y estampas, llenas de huesitos y veladoras, florecitas coloridas de papel y cuanta chingada que se le ocurrió para hacerlo más impresionante, hasta una calavera dizque dijo de puritita verdad, junto con una mano huesada, piezas que no te permite tocarlas, porque te cae la “ maldita ” , misma que me dijo en cuanto me leyó la baraja del Tarot, “ tienes mal de amores y de mala suerte, la brujería metida en tu cuerpo ”. Me roció la carne con agua de alcohol y agua de colonia Samborsn, junto con hierbas olorosas y a la vez curativas, me recorrió un blanquillo por los 1.72 centímetros longitudinales de mi anatomía y que cuando lo quebró en una charolita de plata según ella importada de Africa, salió cocido y escandalosamente amarillo, pero de Angela, no m dijo nada.
Hubieron días, muchos, que caminé como sonámbulo por las calles, con la misma ropa y la barba gris crecida, buscándola sin descanso, sin encontrar ningún rastro de aquella desaparecida, y siempre caía al mismo lugar, al departamento, donde pasamos tantas veces juntos. Todo lucía igual, salvo más lleno de polvo, aún cuando le pregunté a la Cristina, la dueña, por los datos sobre la arrendataria, no supo decirme nada, nomás que la renta estaba pagada un año completo, ninguna dirección ni el nombre de Angela.
Alguna vez, recorriendo las callejas, sentí el olor de su perfume, y como sabueso recorrí la calle, oliendo las puertas y husmeando en las rendijas, en ocasiones, salieron de las casas corriéndome, gritándome loco, degenerado y una larga lista de improperios y es que me doy cuenta, que a tanto tiempo de andarla buscando, andaba casi desarrapado, con los ojos brillantes mirando un punto perdido, no faltó quien me diera de golpes, me tirara agua caliente o basura o me echaron encima a los perros. Aún así, la seguí buscando por todas partes, poseído, endemoniado por su recuerdo y obsesivo por sus besos y el paraíso de su cuerpo...Hasta un buen día que recordé de nuestros locos paseos al campo, nuestras solitarias fogatas en las parcelas del rancherío “ El Cumeral ”, donde gozamos del caer de la tarde entre balidos y trinos, pájaros rojos y azules, como el canto de las tórtolas, admirando en los árboles sus hojas verdes y doradas, recorriendo las sendas de a pie, y así fue como encontramos unas ruinas de más de un centenar de años, puras paredes de adobe y en la que bajo los rayos atardecidos del sol, sin molestias mundanas hicimos el amor y nos juramos promesas; lugar al que muchas veces volvimos como adolescentes enamorados y la volvimos nuestra cabaña sin techo.
Se me ocurrió, un día cualquiera de regresar a esas ruinas y buscar alguna huella de Angela, con el antecedente de qu varias veces nos dejamos mensajes en las cortezas de Las Bellotas ( Encinas ) y los mesquites ( árbol de la media luna ), en el suelo con la hierba montaraz raspada, letras hechas con piedritas y ramas secas, una flor marchita, una ajada hoja de papel llena de versos, hasta una botella de vino llena.
Así es que me subí al carro rojo destartalado que traigo ( digo traía ), Geo de tres cilindros y que conocen casi todos los policías, por eso no me molestaron, me fui hasta El Cumeral, y que al llegar, saliendo casi del caserío, dirección a mis ruinas, las del monte, no las de mi cuerpo y alma en que me dejo la ausencia de Angela, , le pregunté por pura curiosidad a un viejo lugareño, baquiano del pueblito, el significado del rancho pueblo sobre su signifcado y me dijo, sepa, unos dicen que se trata de un montón de matas y otros que es una palabra acuñada por un trabajador del ferrocarril, ya que primero fue estación ferroviaria y que nadie preguntó que significaba. Ya contento tomé el camino, digo, medio contento, real de dos rodadas y me fui bordando la sequia, hasta llegar bajo El Membrillo, donde sentamos muchas tantas tardes, ella y yo, nuestras nalgas. El Sol, a pesar de los pesares, brillaba, eran las 11 de la mañana.
Me gustaba, o mejor dicho, siempre me gusta atormentarme un poco, dilatando el momento de disfrutar la esencia de las cosas, que así como en la carta que me dejó en su partida Angela, ahora, en este lugar campirano, me hice lento animal de monte y subí despacio, muy despacio, a cortos pasos, el cerro lleno de piedras y maleza espinosa, los 50 metros distantes a los restos de lo que fue una casa. De inmediato supe que Angela estuvo allí, sola, no sé hace cuanto tiempo, éste pasó sin darme cuenta sin reconocer fueron días, semanas, meses o años. De momento no supe explicarme esa certeza, hasta que recorrí metro a metro aquella derruida estancia. En una de las esquinas observé, la tierra removida y apenas saliendo a la superficie, llena de guijarros, trozos de ramas y hojarasca, unas amarillentas hojas, que parcían apergaminadas, corroídas por el viento y el sol, a mis ojos provocaban. Las tomé y entre mis manos, desgajándose, me incitaban a escarbar la tierra arenisca de este semidesierto. Las primeras, las llamativas, son las portadas de libros qu un día tuve entre mis manos en aquel departamento; Mario Bennedetti, García Marquez, Jaime Sabines, Pablo Neruda. Lo tomé como un mensaje previsto de la misteriosa, ahora misteriosa Angela, y seguro de encontrar más, algo que me dijera sobre su destino, los motivos de su ausencia, escarbé como loco la tierra, con mis manos, con mis uñas, sudando gota a gota. Angela, Angela, Angela.
Sangre gotean de mis dedos. Escarba. Escarba. Escarba. Manda el cerebro, la angustia, las ansias. Escarba. Escarba. Remuevo el suelo ansioso, ahondo el piso, me lastimo más las manos, se me quiebran las uñas, el sol ardiente cae sobre mi espalda y no me importa nada, el lagrimeo no detiene mi búsqueda. Escarba y escarba, topándome con piedras, restos de huesos de animales, talvez ardillas y pájaros porque son pequeños, pequeños huesos. Escarba, escarba. Angela, Angela.
Por fin, por fin aparece, allí está, envuelto en un plástico negro, un envoltorio. Milagroso envoltorio que me da esperanza. Estoy seguro, es de Angela. Mi Angela. Más plástico envolviendo, protegiendo, a conciencia lo hizo, protegiendo. Desenvuelvo como loco. Papeles, papeles negros y amarillentos. Desordenados. ¿ dónde esta esa carta de amor que me procure hallarla, dónde, dónde estás Angela ?. Sólo un montón de papeles en una carpeta negra, la misma...Por Dios la misma...
Sí, la misma, la misma carpeta que una vez, hace meses ¿ años ? o ¿ siglos ? tuve entre mis manos. Aquella carpeta llena de expedientes que la puso tan mal y airada, sin sentido, de un golpe me arrebato. En aquellos tiempos, Angela todavía me quería.
Ahora los papeles están desordenados, algunos rotos; un paquete hecho de prisa, por alguien rabioso, desesperado.
Aquí están los expedientes de las asesinadas a lo largo de 25 años en Nogales; bueno, no todos, pero muchos aquí están, sin cronología, revueltos, señalando las noticias de las calles de esta miseria.
La música del campo me envuelve; el viento atravesando las copas de los árboles, bellotas, mesquites, encinos, álamos, y los pájaros con sus cantos, otros sonidos que existen pero no identificas, pero son ruidos o idioma del campo, talvez un lejano rugido, el león o puma sonorense que ruge buscando presa, el coyote famélico pero astuto cerca de las granjas, cualquier gallina o comadreja es suficiente para mitigar la mendiga hambre. No sé. Muchos sonidos.
Entre las manos se me desgajan las hojas y recortes del funesto expedente. Cae a mis pies una hoja.
Ramona. Sí Ramona. Vecina de la colonia Las Torres, fue asesinada de un balazo que atravesó su frente, rompió su cráneo, causándole la muerte inmediata y el verdugo fue su esposo, el propio padre de sus hijos, el que le confesó un día amor eterno, respeto. Daniel. Alterado por los celos, la asesinó cuando Ramona le notificó que se iba de la ciudad por varios días. ¿ Alguién está encadenado de por vida al amor o desamor ?.
En la calle Celaya, el 16 de agosto pasado ( ¿ de cual año ? ) fue ultimada Patricia “ M ”, un denunciante anónimo manifestó por teléfono el hallazgo del cuerpo de una mujer degollada, cuando el reloj marcaba las cuatro de la madrugada. Investigaciones de la Policía Judicial del Estado ( PJE ) llevaron a la aprehensión de “ El Borrego ” y “ El Chino ” como los responsables de este indignante y artero asesinato por robo.
“ La Sociedad Nogalense, toda la primera importante frontera de Sonora, está indignada por el perverso y brutal asesinato y violación de dos niñas de 10 y 11 años de edad, respectivamente, de karla Samantha y Francisca Guadalupe, cuyos cuerpos ultrajados se encontraron en la calle 5 de Mayo, casi Esquina con avenida Alvaro Obregón, atrás del negocio refaccionario “ Arizon ”, púberes que vendían empanadas de frutas de membrillo, hasta altas horas de la noche, en una gasolinera ubicada a 100 metros al sur, lugar del sangriento descubrimiento ”. Nadie se explica que salvaje animal pudo cometer el horrendo crimen.
“ Un bolero de nombre “ Santiago ” fue capturado por la policía y 70 malvivientes, residentes subterráneos del embovedado del Arroyo Los Nogales, fueron detenidos, sin embargo se rumora, que el crimen y el ultraje fue cometido por el hijo vicioso de un prominente y rico empresario y político de la ciudad y aún se dice que pagaron grandes cantidades para desviar la averiguación; el encargado de procurar la justicia en la región, es identificado como allegado al Hombre del Poder. Las Pruebas del ADN, practicadas en el semen hallado en los genitales de las pequeñas, no determinaron la culpabilidad de los detenidos. Asimismo se dice que los documentos norteamricanos de los resultados de las pruebas, fueron falsificados. Hubieron otros detenidos, incluyndo al padrastro de una de ellas ( que después convenientemente se suicidó, colgándose de un mesquite, en la ciudad de Imuris, pero a nadie se le fincó la responsabilidad del doble crimen. El Funcionario de la Procuraduría es ascendido en su cargo ”.
Amalia, una anciana de 80 años, en septiembre de 1985, fue sorprendida en su hogar, por dos ladrones domiciliarios, de quienes se comprobó eran usuarios cotidianos de diversas drogas, “ El Gallinas y El Juan Carlos ” fueron detenidos como responsables del homicidio de la octogenaria, a quien después de victimarla por estrangulamiento, ya al verla muerta cual macabro ritual le introdujeron una vela de cera en la cavidad de la vagina.
Por el asesinato de Catalina fue aprendido “ El Mateo ”, a quien se acusó del asesinato por estrangulamiento de la susodicha, en la calle Río Sonora de la Colonia Héroes. Sobre “ El Mateo ” pesan otras acusaciones de homicidio contra mujeres.
En la calle Allende, del Barrio La Capilla, fue asesinada Guadalupe JM de 50 años de edad, en junio de 1993.
Asesinato de una pareja en diciembre de 1993; una mujer de aproximadamente 20 a 25 años de edad, con una estatura contemplada en los 1.65 a 1.70 metros: La dama presentó fracturas en el cráneo y orificios producidos por arma de fuego del calibre R-15, posteriormente incinerada. Se hallaron en el escenario del crimen, una blusa negra y una sudadera con la leyenda “ Cowboy ”.
“ La Chiquitibum ”, Carmen SN, fue encontrada en el arroyo “ El Vallecito ” con la cabeza aplastada porque la atropellaron varias veces con un automóvil; detenidos como responsables “ El Pelón y La Chabela ”, quienes confesaron su crimen y alegaron el motivo de la venganza, propias de un “ negocio ” de un tugurio, los hechos en febrero de 1992.
Violada y asesinada en el paraje “ La Escondida ” a 18 kilómetros de esta frontera, al sur y otros tres hacia el poniente, por un camino de terracería, apareció con una herida de puñalada en el pecho, aparte de huellas de strangulamiento, crimen registrado en julio de 1994.
Mujer probablemente asesinada e incinerada en su propio automóvil, en un paraje del camino vecinal al Saric, entre los meses de diciembre-enero ( no señala año ), el vehículo de la marca Honda, con propiedad de la difunta, apareciendo a nombre de Irma BV de 42 años de edad y oriunda de Comerce City, de Estados Unidos de Norte América. Se investigan otras líneas de los hechos como cambio de identidad y cobranza de seguros.
En el Hotel Olivia fue asesinada Juana LA, un crimen adjudicado a un sujeto apodado” El Chino ”, quien presuntamente la ahorcó con una media de la misma víctima, la cual era amante del homicida, los hechos en la habitación número 127 y a la que le robo sus joyas y con llave de un cuarto asaltó a otros huéspedes.
Carmen Cecilia B, de 27 años, fue ultimada a varillazos, arma de una pulgada de grosor y acusaron al esposo de la occisa, José Luis, como el responsable del grave delito, asesinato en el conjunto habitacional Pima II, en el departamento 31 del Edificio 5. El asesino es conocido con el apodo de “ El Pelis ”.
Dora Irma, estudiante de preparatoria, ocultó su embarazo, mató a su recién nacida y la tiro. Una persona de nombre Alma encontró a la menor, un sábado por la mañana y manifestó, con los ojos llorosos, que la niña estaba acostada boca abajo, con la mitad del cuerpo sobre una tabla y la otra en el suelo, completamente desnuda y que se miraba como si estuvier dormida.
“ El Rogelio ” mató a su prima Leticia, en un domicilio de la colonia Héroes; la occisa presentó 4 heridas producidas por arma de fuego, en la región lumbar y luego el atacante se suicidó de un balazo en la cabeza.
Dos estudiantes de la Secundaria Federal Número Dos, Dulce Liliana y Susan Selene, fueron torturadas y asesinadas, sus cuerpos hallados en el paraje conocido como Los Laguitos al poniente norte de la ciudad, donde hoy se ubican conjuntos habitacionales como El Manantial y Puesta del Sol, lugar al que acudió el Agente del Ministerio Público del Fuero Común para dar fe de los cuerpos sin vida y ordenar su traslado al recinto forense de la delegación norte de la Procuraduría General de Justicia del Estado ( PGJE ) para la autopsia de ley ( nunca se realizó, señala el expediente de Angela, con tachones y subrayados que no se entienden ) y los peritajes forenses ordenados desde Hermosillo, Capital del Estado.
Angela, en las notas correspondientes a los homicidios de Karla Samantha y Francisca Guadalupe como los de Dulce Liliana y Susan Selene, escribió sus propias notas, no sé si investigaciones propias o simplemente opiniones personales y aparte, las dolorosas narraciones que me hizo alguna noche en el departamento.
Pasaron varias horas, y aún quedaban muchos papeles por revisar; la tarde caía ya en el meridiano norte, con un sol anaranjado, denunciando el acabóse del dia, al grado de que los animales ya buscaban sus guaridas; los pájaros se acomodaban en las ramas de los árboles esperando la llegada de la noche.
Estoy asido, pegado a la misma piel, con el envoltorio de papeles, notas periodísticas, recortes de gráficas y a pesar de la vecindad nocturna aún me aferro a la lectura de los expedientes policíacos y voy entendiendo el propósito de Angela; que nada quede oculto ni los crímenes ni la complicidad de algunas autoridades, aquellas que por su ambición de riqueza personal o de proyectos políticos le dieron carpetazo a los asesinatos más horribles de mujeres. Por lo menos que el mundo, el pequeño mundo de la frontera lo sepa..
Hay entre los papeles, varias notas sobre presuntos asesinos y violadores de las niñas de la calle 5 de Mayo, sangre del 6 de agosto de 1991; todos los acusados fueron liberados y poco a poco el expediente se empolva en el olvido.
Extraño suicidio de Emilia C de A de 21 años de edad, que pereció a consecuencia de un balazo en la cabeza y fue hallada en un domicilio de la colonia Lomas de Nogales, agosto de 1992.
Otra nota de una revista policíaca, da datos sobre el asesinato a golpes de una recién nacida y que inhumanamente fue tirada al fondo sucio de un tambo de basura, en la colonia Villa Sonora, hallazgo de febrero del qño de 1992.
La penumbra tamiza el paisaje del norte sonorense y es hora de regresar al trajin de las cuatro calles de Nogales, aún queda mucho por investigar en este archivo de la mujer policía que atravesó Nogales, como si fuera un fantasma, sólo en los lugares más impredecibles encuentr de ella, su aroma, una huella, una sonrisa, el leve recuerdo de su voz, el aire de su presencia arrastrada por el tiempo.
El regreso a Nogales fue reflexivo, ni las estrellas que apenas aparecían llamaron mi atención ni el paisaje bellísimo por las curvas de Quijano, que muestran un atardecer entre sombrío y pictórico, diamante y oro, sólo ansiaba estar a solas, fuera del mundo para recorrer las hojas del archivo, aún faltaban muchas, y cada historia sobre el asesinato de una mujer, encerraba un misterio, una incógnita que ella siguió paso a paso y dejó en mis manos, las pruebas de lo que en su negra entraña gesta esta tierra.
Ya bien oscurecido el día, llegué a Nogales, confundido no sólo por las trágicas historias de los expedientes sino por el mismo recuerdo de Angela; parecía que por encima de la tierra, los huesos y las hojas, prevalecía el olor a orosus, de almizcle, del perfume, de la desaparecida: Enfilé automáticamente el carro hacia el departamento que infinidad de veces compartimos y me aposenté en el suelo, ahora lleno de polvo y de manchas de lluvia, pero todavía con el aroma que deja para toda la vida el amor sentenciado, es decir, no hay más.
Es difícil enumerar todos los casos que la policía consignó en su archivo, por lo menos, uno por uno, sin embargo, a grandes rasgos puedo enunciarles los casos de la mujer “ entamalada ” del cerro de la Chula Vista, a la que ya devoraban los perros hambrientos callejeros y que hizo difícil su identificación; se manejaron versiones sobre su asesinato, que fue el amante, que salió a un baile, que la pareja celosa, la verdad, nunca esclarecieron nada, igual que el caso de “ La Empalada ”, otra asesinada que hallaron en Colinas del Yaqui con un palo en forma de pene enredado de alambres de púas introducido en la vagina, o el horrendo y conmovedor de caso de Ana Patricia, una jovencita de 15 años, originaria de Huatabampo, que por su rebeldía huyo de casa y se refugio en esta frontera y que unos drogadictos levantaron en la Central Camionera, la drogaron con pastillas y cuando uno de ellos intentó tener sexo con ella, lo rechazó y la bestia la golpeó, desmayándola y creyéndola muerta, la subió a una “ Combi ” y la llevó al paraje de la colonia Primavera, la metió a un tambo de 200 litros, la roció de gasolina, le prendió fuego, volteó el tambo y dicen vecinos, que escucharon sus ayes de dolor. Sólo se rescató de ella el pie derecho, por el que fue identificado por su madre, quien tras Vía Cruxis, provocado por las autoridades judiciales, corruptas, que le vendían sus servicios, con la ayuda de la sociedad, pudo, finalmente, identificar a la incinerada...O el caso de la muchachita...No mejor, aquí le paro. Hay 20 o 30 casos más, en los archivos de Angela...Y no son todos los que ya ocurrieron en esta frontera...
Ya lloré tantas veces con los expedientes de Angela, que me prometo, es la última vez que vengo a este departamento, para qué más, si ella nunca va a volver, si de ella sólo me queda el recuerdo, el recuerdo de cómo la conocí, de sus besos, de su hermoso cuerpo, de su llanto quedito ahogado por la pena o de sus furiosos reclamos de indignación porque todo es una mierda, una soberana mierda...

No te recuerdo...

No

No es que no te quiera...
es que ya no te recuerdo.

Apenas
pasaron 232 horas
desde que me dejaste.
Y te aseguro
que ya no te recuerdo.
no me acuerdo de ti
cuando me pongo
la camisa negra
que me regalaste
o sobre mi barba
rocío la loción
de marca desconocida
que en mi cumpleaños
me diste.
O cuando miro la hora
en el reloj Kjsh,
con carátula negridorada
que engalana mi muñeca
o para cubrirme del frío
cubro mi espaldas
con la chamarra azul
quemada de cigarro.
Te juro,
ya no te recuerdo.
ni siquiera
cuando miro la luna,
que bien es cierto,
no me regalaste,
pero me enseñaste a verla
tras los espejos de la mirada.
Ni siquiera te recuerdo
cuando escucho mi voz
en la grabadora
que guarda
los poemas
que declamo
junto a Cristobal.
EL amor está hecho
de partículas cotidianas,
que se olvidan
a la vuelta de la manzana.
(la prohibida, la de Eva),
no la que circunda tu casa.
No te recuerdo
ni cuando
me llamo por mi nombre,
¡qué dulce pronunciabas!
Ni cuando me bebo completo
el trago de la esperanza
ni cuando voy a los campos,
a las playas,
y espanto fantasmas
iluminados
de sol
o de anuncios de neón.
No te recuerdo
en ninguna parte
de este cuerpo
que fue tu casa,
y que ahora es mi casa solitaria,
ya no te recuerdo
y me mata el gusto
de no recordarte nada.