lunes, 17 de noviembre de 2008


En un bohemio mano a mano, estuvieron los poetas, Gastón Rochín, de Puerto Peñasco, Sonora y Julio César Sarmiento Esquinca, radicado en Nogales, Sonora. La noche fue un relámpago de eternidad poetica, ya que ambos, también declamadores, le rindieron culto a Eros, a la Patria y al Amor. Quda la promesa, por parte de Rochín, de sentarse a la mesa de Sarmiento, en la frontera más importante del Estado.

jueves, 6 de noviembre de 2008

En la presente gráfica, para temporario Análisis, su amigo y servidor, Julio César Sarmiento Esquinca, desde la fronteriza y mul golpeada, vejada y humillada, ciudad de Nogales, Sonora, donde a pesar de todo, la mugre y el lodo, amanece deslumbrante cada día, porque no todo es vano ni ni odio ni desamor ni mentira; aún hay verbo, verbo, sustancia, canto, hecho poesía.
Por si la imagen llegara lejos, a las pupilas de quien nostalgia el recuerdo, de quien añora una mirada, una palabra, al finalizar el día e iniciar la noche, va.

domingo, 2 de noviembre de 2008

DE CARNE Y HUESO LA POESIA


De carne y hueso, la mujer, las mujeres en la poesía, tal como aparecen en la gráfica, la poeta, María del Carmen Pantoja Hernández y su hija, Ludmila Guzmán Pantoja, doctora en Biotecnología, estudiosa de plantas con actividad biológica, sobre insectos, plagas.
La mujer, las mujeres, en el concepto de la vida, una pluma, un microscópio, un canto, un atardecer, una luna, cielo estrellado, selva desierto, una hoja que cae, una flor que se abre. Madre e hija, poesía y tierra.

DIME LUNA

DIME LUNA


Te miro refulgente…luminosa,
eres por muchos admirada
casi siempre estás misteriosa,
¡regalas la belleza en tu mirada!.

A veces estoy como tú…radiante,
otras me cohíbo, estoy desolada,
de un tiempo a éste me comporto
como una inexperta adolescente.

Mi mente de él ya no se aleja
¿por qué me atrae su mirar
si en otras pupilas se refleja
y en otra boca suele suspirar?

En su recuerdo quedo inmersa,
se disipa la pena y descontento,
mi corazón se acelera, se alegra,
mi sueño se inquieta, se dispersa.

Exaspero y me quedo sin aliento…
¡Ay…una nube opaca tu encanto!
me invaden diversas emociones
¡ya no sé ni lo que siento!

Dime…¿acaso estoy enamorada?
es mi dicha su cara angelical,
sus manos y su piel sin igual
¿será que la cordura estoy perdiendo?

Todas las noches admiro tu belleza,
y miro al sol perderse en el ocaso
y él, refugiado en otros brazos…
¿qué me dio ese hombre amado?

¡No te vayas, no me dejes con la duda!
Luna, de mis ojos no quites tu mirada,
¡ah…creo que está amaneciendo!
Sigo dudando y por él todavía delirando.

Autor: María del Carmen Pantoja Hernández